Los bienes raíces son un vehículo clásico para crear riqueza, pero se dividen en dos formatos muy distintos: propiedades físicas de alquiler y fideicomisos de inversión (REITs). Elija según el tiempo que planee dedicarle.
Tener propiedades físicas le permite usar el apalancamiento hipotecario, adquiriendo un gran activo con un enganche menor. Esto maximiza sus rendimientos pero exige gestión activa: inquilinos, mantenimiento y riesgo de desocupación.
Los REITs son totalmente pasivos, líquidos y cotizan como acciones. Tienen la obligación legal de distribuir el 90% de sus ganancias imponibles como dividendos. Aunque pierde el apalancamiento, gana diversificación inmediata y tranquilidad.